Tienes mala leche, pero...es leche desnatada.

Ni la mala hostia me hace ceder.
Es mucho esto que me tira del alma, 
que me sirve de brújula para no perderme,
y volver a ser quien era.
Esa fuerza que me brindas es la que te falta, 
la que solías tener cuando te conocí, 
la que te hacía ese niño fuerte y feliz que tanto intento ayudar,
y para todo eso, la fe en ti es lo que realmente me guía.


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